Rompiendo barreras: La tercera imagen alternativa


Hoy hago un hueco en este lugar para tomar conciencia sobre tres conceptos tan parecidos como dispares. El primero es «igualdad», el que todos conocemos como aquel que equipara a todos en derechos y obligaciones. Si os fijáis, incluye el término «equiparación», por el que se trata a todos por igual y como equivalente, independientemente de las características de cada uno. El segundo, es otro concepto que muy pocos conocen, que además incluye el concepto de «justicia»; este es, «equidad». Como podéis observar, este concepto se refiere al hecho de igualar, por justicia natural, a cualquier persona, dependiendo de sus características personales. 

Esta imagen que descubrí hace algún tiempo refleja muy bien ambas definiciones:


Por tanto, estos conceptos que habitualmente se confunden, tienen un transfondo que los diferencia lo suficiente como para que se generalice el eterno debate sobre si colectivos minorizados socialmente deberían ser totalmente iguales o, por el contrario, deberíamos ayudarles para estar al mismo nivel en términos de oportunidades, derechos y obligaciones que el resto de la sociedad. Esto plantea un enorme problema de pensamiento y de acuerdo entre personas, y esto ocurre, como es ya costumbre, por falta de información. En primer lugar porque en nuestro país aún no está arraigada esa cultura de informar al ciudadano para que crezca intelectualmente y para que tengamos un pueblo rico, con mente abierta y pensamiento propio -y me temo que, como adivinaréis, no es por falta de medios sino de conveniencia e interés-. En segundo lugar, porque nosotros mismos, en general, no nos hemos hecho al hábito de informarnos por nosotros mismos sin esperar que la información llegue a nuestras pantallas.

Afortunadamente, alguien se encargó de añadir una tercera descripción a la imagen anterior, la cual descubrí no hace mucho y cuya fuente, lamentablemente, desconozco:


Se trababa pues de un paso que parece tan, TAN simple que es inexplicable cómo muchas personas no se llegan a plantear que hay una tercera opción y posible solución al problema: el concepto de la ruptura de barreras. Sí, romper barreras. Una situación todavía utópica en la cual se elimina de raíz el problema que lleva a tener que diferenciar entre los conceptos anteriormente comentados. 

Puede que quienes solo ven opciones pares, en blanco y negro, tengan la idea en la cabeza y, por algún motivo, no consigan expresarlo de otra forma. Quizás a la sociedad, en conjunto, nos hace falta que nos planten ideas de este tipo en imágenes simples, sin conceptos raros y estratégicamente elaborados, para abrir los ojos y verlo todo cristalino. 

La cuestión es, ¿se pararía alguien a mirarlas? Esa es, por el momento, nuestra asignatura pendiente.

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